Ofrecer un ambiente cálido y seguro las 24 horas del día a un ser pequeño y frágil para que complete su desarrollo es el reto que asumen con entrega muchas madres cuyos bebés nacen por debajo del peso normal.

Cuando Andrea del Pilar Bernal tenía 25 años  ya había terminado la universidad, estaba trabajando en una entidad de salud y entre sus planes estaba hacer su vida en otro país, tener hijos sí, pero más adelante después de organizar algunos aspectos de vida profesional.

Tener un embarazo en ese momento no era parte de sus proyectos, pero ocurrió y a la ansiedad que producen las cosas inesperadas se sumó otro hecho que nunca pasó por la mente ni de Andrea ni de su esposo.  El médico les dijo que debían interrumpir el embarazo pues existía probabilidades de que el bebé naciera con alguna malformación debido a que ella se había aplicado una vacuna triple  viral dos meses antes y aún no había transcurrido el tiempo recomendado por la ciencia para poder tener un niño saludable.  

Sin embargo, quitarle la vida a su bebé  no era una opción para la pareja por eso, contrario a las recomendaciones, decidieron seguir adelante y brindarle todo el amor a ese hijo que tenían la fortuna de tener.  El embarazo fue difícil y lleno de angustia pero también de momentos de alegría  cuando las ecografías mostraron un bebé con un desarrollo normal.

Once años después Andrea del Pilar mira las cosas en retrospectiva y recuerda esos momentos difíciles, en los cuales la menor sensación de que algo estaba mal era motivo de alerta para ir al médico de urgencia, pues de todos modos su embarazo era de alto riesgo.

Andrea hablaba permanente con Estefanía a quien esperaba tener en sus brazos a mediados de diciembre de 2004. Pero el 31 de octubre a la 1:25 a.m. contra todo pronóstico nació la bebé y en ese momento solo pudo tocarla por unos segundos. Estefanía fue trasladada a la unidad de neonatos porque su peso era inadecuado e implicaba un riesgo.

40 centímetros y 1.900 grs., eso midió y peso Estefanía, pero la talla y peso de un niño normal es aproximadamente 50 centímetros y por encima de los 2.500 gramos. Por eso debió permanecer en incubadora 15 días, el medio para asegurarle la temperatura adecuada,  verificar que podía respirar por sí misma y protegerla de posibles infecciones y complicaciones.

Día y noche estuvo Andrea del Pilar pendiente de su bebé y pasados esos 15 días le dieron la noticia de que podía llevarse a Estefanía. Lo que ella no se imaginaba es que a partir de ese momento debía ingresar al Programa Mamá Canguro, que debía llevar un soporte elástico y asegurarse que el bebé estuviera en posición vertical, en contacto permanente con su piel para darle el calor las 24 horas del día, solo con una camisilla y el pañal, y asegurarse de alimentarlo hasta que adquiriera el peso normal.

Aunque todo lo que escuchaba le parecía una locura, la desilusionaba el no poder ponerle a su bebé todo lo que había comprado y era totalmente escéptica a lo que le decían no tenía otra alternativa, así que decidió dejarse guiar por el equipo médico y con ese amor que tuvo desde el momento que quedó embarazada se volcó a esa difícil tarea que solo una madre está dispuesta a hacer por un hijo.       

Alegría y muchas noches sin dormir es lo que promete un bebé saludable, pero la labor de una mamá canguro requiere de mayor entrega y dedicación, pues debe asegurarse que el bebé permanezca en posición vertical contra su pecho lo que implica que la madre duerma sentada.

Durante todo ese tiempo, de acuerdo con las indicaciones del programa, tampoco podía bañar a Estefanía, otro anhelo que tenía Andrea del Pilar, y como la bebé no recibía leche materna dado que al llevarla a la incubadora la primera leche que recibió fue procesada, alimentarla también era dispendioso, pues demoraba casi tres horas para darle la cantidad requerida gota a gota. Cada gramo de peso que ganaba Estefanía era motivo de celebración.

Y es que lo más importante del método Madre Canguro es garantizar el contacto del bebé con la piel de la madre o el padre, la posición canguro y obviamente la alimentación con leche materna siempre y cuando sea posible.

Todos los días Andrea del Pilar llevaba a Estefanía al Hospital tal y como está indicado en el programa para que los especialistas pudieran evaluar el desarrollo sicomotor, revisar la visión y audición y controlar el peso y la talla. El control médico se convertía en un plan familiar, pues a estos también asistía su esposo y su madre y en algunos casos alguna tía que quería conocer el bebé.

“Los primeros controles eran súper frustrantes porque el bebé no subía de peso sino que bajaba entonces viene la culpa de que algo no se está haciendo bien”, dice Andrea.

Con excepción de la revisión médica, el resto del tiempo el bebé estaba contra su pecho y algunos minutos del día su esposo asumía la labor para que Andrea pudiera descansar un poco.  Gracias al método Canguro, la madre se convierte en fuente de calor y estimulación sensorial lo cual favorece el desarrollo del bebé y crea fuertes lazos entre madre e hijo. Por esa época, la preocupación de Andrea era asegurarse de que Estefanía respiraba, algo que verificaba con cierta frecuencia.

Como parte del programa, también era necesaria la estimulación, Andrea llevaba a cabo diariamente y con amor esta tarea con móviles, mostrándole colores y trabajando con diferentes texturas.

Después de mes y medio, Estefanía se salía del canguro pues estaba preparada para seguir su normal desarrollo. Tras el escepticismo inicial, vino la satisfacción por los logros conseguidos. “Le debo la vida de mi hija a la técnica canguro, sin eso hubiera sido muy difícil todo”, dice Andrea del Pilar.

A otras madres que inician hasta ahora este proceso Andrea les dice que “es lo máximo, que se lo gocen, que pese a esos momentos de angustia no todos tienen la posibilidad de vivir esa experiencia, ese momento tan especial que crea lazos de afecto impresionantes”.

“Volvería a repetir esa experiencia, incluso si fuera un bebé a término (nacido a los nueve meses)  lo llevaría como Mamá Canguro”, agrega.

El método Canguro nació en Colombia a finales de la década de los 70 y ha demostrado ser una técnica efectiva para niños bajos de peso al nacer.  Una de las bondades del método  es que se reduce el tiempo en hospital lo cual contribuye a disminuir la tasa de infección intrahospitalaria y por lo tanto la morbilidad infantil.

La técnica de mamá Canguro ha sido difundido durante los últimos 10 años en más de 25 países y se han entrenado aproximadamente 50 equipos médicos en este método.  Gracias a la Cooperación Sur-Sur, el año pasado la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia, APC-Colombia y la Fundación Canguro apoyaron la implementación del programa en hospitales de Kenia, Venezuela y Ghana ofreciendo una alternativa sana y segura para el cuidado de los bebés con bajo peso al nacer.

Bogotá, Enero 26 de 2015

 

Modificado el Jue, 11/06/2020 - 12:53